
Estoy segura de que a todos nos han ocurrido alguna vez situaciones extrañas o confusas que al recordarlas nos parecen increíbles; pero aunque parezcan como si hubieran sido sacadas de una película, realmente sucedieron.
Visitando Sarasota, estaba mi esposo en un restaurante esperando la orden de comida que habíamos pedido mientras mi hijo y yo escogíamos una mesa. Se le acerca una americana y le dice:
- Estoy lista, vámonos-
El se quedó asombrado y le contestó que seguro lo confundía con alguien, pero ella estaba muy segura de que era la persona que andaba buscando y seguía insistiendo. No parecía estar borracha ni nada por el estilo. Para colmo, el muy descarado me dice que me salvé que estaba allí porque si no, hubiera aprovechado la confusión para irse con la “rubia peligrosa”.
Una vez estando en el Winn Dixie, en una línea estaba mi esposo y un empleado arreglando la mercancía. Yo paso por el pasillo y lo llamo y me sorprendió ver que en vez de venir él hacia mi, el que respondió a mi llamado fue el empleado. Cuando el Sr. se acerca observo que tiene un tag con su nombre: “José” y me doy cuenta de que los dos se llaman igual.
Lo mejor de todo fue que antes de que le pudiera explicarle la confusión, me saluda y se pone a conversar conmigo como si me conociera de toda la vida. Yo me quedé tan sorprendida por su familiaridad que me dió pena sacarlo de su error y le seguí la corriente.
Encontré en Twitter una frase que me dio mucha gracia:”Hay 3 cosas en la vida que no se deben romper: un corazón, una promesa y un condom”. Decidí compartirla con mis amigas y se las envié en un mensaje de texto. A una de ellas le llegó solamente esta parte: “Hay 3 cosas en la vida que no se deben romper: un corazón, una pro” …
Lo asombroso de esta historia es que dos días mas tardes y a las 3 de la madrugada le llega la parte que faltaba: “mesa y un condom”. Como diríamos en Cuba: “increíble, pero cierto”.
En Panamá vivía rentada en una habitación de una casa donde los dueños no permitían beber. Un día, otro de los inquilinos al verme de salida, me pide el favor de que me deshaga en el basurero de la calle de una botellita de aguardiente. Guardo la botella en mi cartera y no me acuerdo más de ella hasta que llego al banco y el guardia de seguridad me revisa. Al notar algo duro en la cartera me pide que saque el objeto en cuestión; en ese momento hubiera querido que la tierra me tragara, pero lo peor de todo fue tener que aguantar la miradita de picardia del guardia mientras sentía que me ardía la cara de verguenza.
Un día en el trabajo estaba mi amigo Walner limpiando el teléfono de su escritorio y sin darse cuenta aprieta el botón del altavoz. De pronto se escucha en toda la oficina que le dice a una compañera de trabajo:
-Te dije que no te quería ver más con ese hombre-
Entre risas tratábamos de avisarle, pero el estaba tan concentrado en lo que estaba haciendo que sólo se dio cuenta de que estaba abierto el speaker cuando el mismísimo dueño de la compañía vino a ver que pasaba.
Como dicen los americanos: “life is full of weird situations” por eso los invito a que me escriban y compartan en la marea alguna anécdota donde se hayan visto envueltos en este tipo de situaciones.